Recreación de un callejón de Edimburgo en el siglo XVII, abierto al cielo y con actividad comercial
Mary King’s Close: historia y visita al Edimburgo subterráneo

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Recreación de un callejón de Edimburgo en el siglo XVII, abierto al cielo y con actividad comercial
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Mary King’s Close: historia y visita al Edimburgo subterráneo

AVPor Andrés Val · Guía en Escocia
8 minutos de lectura

Mary King’s Close conserva una parte del Edimburgo que quedó debajo de los edificios de la Royal Mile. Allí puedes recorrer una antigua calle y entrar en habitaciones donde vivieron familias hace siglos. Para entender lo que estás viendo, primero hay que conocer a sus habitantes y aclarar algunas de las historias que se cuentan sobre ellos.

He podido recorrer el lugar antes de que abriera al público, acompañado por Patricia Cuni, directora de marketing de The Real Mary King’s Close. Visitarlo sin otros grupos me permitió detenerme en detalles que ayudan a imaginar cómo era la vida aquí. Y también comprobar cuánto cambia la visita cuando sabes qué ocurrió realmente.

Un callejón del antiguo Edimburgo

Si has llegado hasta aquí buscando las «catacumbas de Edimburgo», seguramente has encontrado información sobre lugares distintos. Mary King’s Close y las bóvedas de South Bridge son visitas diferentes. Tampoco hay una enorme ciudad subterránea con túneles que lo conectan todo bajo la Royal Mile.

En Mary King’s Close se conservan calles y viviendas que estaban al aire libre. Piensa en la Royal Mile del siglo XVII. De la calle principal salían pasos estrechos que descendían por la colina. En aquellos closes se mezclaban los negocios con las casas. Un taller podía tener perfectamente encima varias plantas habitadas por familias de recursos muy distintos.

Edimburgo tenía poco espacio para crecer. El castillo, el Nor Loch y las murallas condicionaban su expansión, mientras con los años la población seguía aumentando. Los edificios ganaron altura y las plantas inferiores recibían cada vez menos luz.

El agua había que llevarla desde fuentes o pozos, a veces subiendo muchos pisos. Sin un alcantarillado moderno, los residuos acababan irremediablemente en las calles. La famosa historia del grito «Gardyloo» suele contarse con bastante exageración, pero el problema de la suciedad era muy real. Aun así, aquí también vivían comerciantes acomodados y profesionales. La pobreza no definía por sí sola aquel barrio ni ningún otro.

Recreación de la vida cotidiana en una vivienda del Edimburgo del siglo XVII
Recreación de una vivienda del Edimburgo del siglo XVII.

Quién fue Mary King

Mary King fue una comerciante del siglo XVII relacionada con los tejidos y la costura. Se casó en 1616 y tuvo cuatro hijos. Cuando su marido murió en 1629, quedó al frente de su familia y pudo desarrollar su actividad comercial con una independencia mayor que la que había tenido como mujer casada.

En 1635 se instaló con sus hijos en el callejón. Entonces se llamaba Alexander King’s Close, por otra persona con la que no se conoce una relación familiar. Los nombres de estas calles podían cambiar según sus propietarios o los vecinos más conocidos. El de Mary terminó imponiéndose ya después de su muerte.

El inventario de sus pertenencias nos permite hacernos una idea de su situación, ya que tenía muebles, cucharas de plata y anillos de oro. También poseía propiedades y un pequeño espacio comercial. Es decir, vivía razonablemente bien, aunque eso no la convierte en una gran aristócrata.

Me interesa especialmente que podamos acercarnos a una vecina a través de cosas tan concretas como su trabajo y su trasfondo. Mary murió en septiembre de 1644. La fecha es un dato importante, porque la gran epidemia con la que se asocia este lugar llegó al año siguiente.

La peste de 1645 y la historia del callejón tapiado

En la primavera de 1645, Edimburgo afrontaba una de sus peores epidemias en la historia. Las autoridades vigilaban las viviendas donde había enfermos y tenían la autoridad de aislar a familias enteras. También se habilitaron espacios de confinamiento fuera de las zonas más pobladas.

La enfermedad alteró mucho más que la vida doméstica. Se cerraron escuelas, la universidad redujo o trasladó parte de su actividad y el comercio sufrió restricciones. Si los comerciantes evitaban entrar en la ciudad, faltaban productos. Durante ese verano hubo dificultades incluso para conseguir comida.

Quien tenía dinero o una casa fuera podía marcharse, pero para las familias pobres salir era mucho más complicado. Imagínate enfermo, sin poder trabajar y dependiendo de que alguien te llevara comida y agua. Esa desigualdad en la que hoy ni siquiera reparamos también forma parte de la historia de la peste.

De aquella situación nació uno de los relatos más repetidos sobre Mary King’s Close, que las autoridades tapiaron el callejón con todos sus habitantes dentro y los dejaron morir. Pero para nada hay pruebas históricas que sostengan esa versión. Después de 1645 sabemos que siguió viviendo gente allí y los negocios continuaron funcionando.

La confusión puede venir de mezclar el aislamiento de las casas durante la epidemia con las obras que cubrieron parte de la calle más de un siglo después. Al juntar ambos momentos, se evaporan como por arte de magia cien años de historia.

También hay que ser prudente con la imagen que tenemos en mente de los médicos de la peste. George Rae trabajó durante aquella epidemia y sobrevivió, pero no tenemos pruebas sólidas de que utilizara la famosa «máscara con pico». En cambio, sí consta que años después seguía reclamando al ayuntamiento el dinero que le debían.

Por qué Mary King’s Close quedó bajo tierra

El cambio más radical llegó con la construcción del Royal Exchange, iniciada en 1753. Para levantar el edificio se demolieron partes superiores de las construcciones que había y se aprovecharon estructuras inferiores ya construidas. Así quedaron cubiertos espacios que habían pertenecido a varias calles y ese nuevo edificio acabaría convertido en la actual City Chambers.

Cuando caminas por el close, estás pisando una calle que tuvo cielo sobre ella. La pendiente y la disposición de las casas te permiten entenderlo bien. Además, Patricia me explicó que hubo distintas fases constructivas, así que no todo lo que ves quedó encerrado al mismo tiempo.

Los espacios siguieron utilizándose como viviendas, talleres y almacenes. Entre sus habitantes estuvieron los Chesney, una familia dedicada a fabricar y reparar sierras. Andrew y Margaret Chesney se marcharon en 1902. El dato sorprende cuando llegas centrado únicamente en el siglo XVII.

Tampoco se descubrió el lugar de repente en 2003. Antes ya se conocía y se organizaban visitas, algunas con linternas y de manera bastante informal. En 2003 abrió la atracción actual, tras preparar los espacios para recibir visitantes regularmente y trabajar en su investigación histórica.

Annie y los juguetes: cómo nació una leyenda

La historia de Annie empezó a difundirse en los años noventa, cuando una médium japonesa visitó el lugar y afirmó sentir la presencia de una niña. Según su relato, estaba triste porque había perdido su muñeca. La médium compró una y se la dejó.

Otros visitantes siguieron el ejemplo y con los años, la habitación se llenó de peluches y juguetes. Esa tradición existe y puedes verla durante el recorrido. Lo que no se ha demostrado documentalmente es que una niña llamada Annie viviera y muriera allí durante la peste.

La habitación se encuentra, además, en Allan’s Close, uno de los callejones del conjunto que puedes ver allí abajo. Patricia explica que esta parte de la visita se presenta como una leyenda moderna. Me parece una distinción necesaria porque puedes interesarte por el relato sin dar por probado todo lo que cuenta.

Mi conversación con Patricia Cuni durante la visita a The Real Mary King’s Close para la grabación del podcast
Con Patricia Cuni durante mi visita a The Real Mary King’s Close.

Qué puedes ver durante la visita

The Real Mary King’s Close permite acercarte a la vida cotidiana de quienes ocuparon estos edificios. El conjunto conserva restos de cuatro calles, aunque no todas son accesibles. Algunas dependencias tienen otros usos y otras deben protegerse por su estado de conservación.

Uno de los detalles que me sorprendieron fueron las huellas de antiguas escaleras de caracol, adosadas al exterior de las casas. También hay conchas de ostras utilizadas como material de construcción. Son cosas que puedes pasar por alto si miras únicamente la calle sin apreciar el conjunto.

La casa de los Chesney me llamó especialmente la atención. Pudimos verla desde la entrada, sin pasar al interior. Conserva detalles de una vivienda mucho más reciente de lo que esperas encontrar aquí, incluida su instalación eléctrica. La familia tenía incluso un baño dentro de casa, algo poco habitual en aquella época para familias humildes.

Parte del papel pintado contiene arsénico y algunas estructuras son frágiles. Por eso se explica la vivienda desde fuera y no se permite una visita completa. Que el espacio se conserve no significa que pueda recibir continuamente grupos de visitantes.

La conversación con Patricia tuvo lugar en una antigua low house, una vivienda situada al nivel de la calle. Estas residencias las ocupaban algunas de las familias con menos recursos. Hoy aquella sala se utiliza para talleres sobre medicina del siglo XVII, así que su uso también te ayuda a entender otra parte de la historia del sitio.

El recorrido habitual selecciona solo una parte de todo lo que se conoce. Hay historias de vecinos que se desarrollan en visitas temáticas y habitaciones que quedan fuera del itinerario. Saberlo evita pensar que todo el recinto se reduce al callejón más fotografiado o a la habitación de los juguetes.

Las investigaciones siguen aportando información sobre sus antiguos vecinos. En el episodio hablamos sobre cómo el equipo de historiadores había localizado la tumba sin marcar de los últimos Chesney y colocado un pequeño reconocimiento con sus nombres. Conocer esos trabajos nos revela el cuidado y el detalle que requiere contar la historia de personas que fueron reales.

¿Merece la pena visitar Mary King’s Close?

Para mí, sí, especialmente si te interesa saber cómo vivía la gente de Edimburgo. El recorrido se centra en la historia social y en habitantes documentados. Si buscas un espectáculo de terror con sustos en cada esquina, estarás esperando algo distinto de lo que se ofrece.

Lo aprovecharás más si te detienes en la distribución de las habitaciones y en su relación con la calle. Una vivienda con poca luz, las escaleras por las que había que cargar el agua o un taller debajo de casa explican una parte de Edimburgo que es imposible ver desde la Royal Mile.

A mí me parece un buen complemento a un paseo histórico por el exterior. Cuando salgas y vuelvas a mirar las City Chambers, tendrás presente la calle que acabas de recorrer y a algunas de las familias que vivieron debajo.

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